Grandes hombres, grandes ideas: homenaje a Alexander Solschenitsyn

Por Hermann W. Bruch

La Historia nos brinda cada cierto tiempo personajes que inciden en el curso de los acontecimientos mundiales, dejando su huella indeleble, ya sea para bien o para mal. Recientemente ha muerto uno de ellos, el gran pensador ruso, Alexander Solschenitsyn, autor de muchas obras, siendo quizá la más conocida, El Archipiélago de Gulag, una valiente denuncia de las atrocidades cometidas por Stalin y sus secuaces comunistas durante una de las más sangrientas dictaduras montadas en nombre del proletariado.

Solschenitsyn es uno de los responsables de la caída del régimen comunista y del imperio soviético, pero sorprendentemente, él fue, en su juventud, uno de los iniciales simpatizantes de la revolución Bolchevique y, muy a pesar de la “intelligentsia” liberal de Occidente, él nunca fue un seguidor de los principio s del capitalismo tal y como se practica en el mundo occidental. Más bien fue un crítico del aislamiento espiritual y el extremo materialismo sobre el cual descansa el “bienestar” de la gente, especialmente en los Estados Unidos y algunos países europeos. El denunció un “feo paralelo” (ugly parallel): aspectos comunes entre el pensamiento y forma de vida de Occidente y del Este, resultado de la lógica del desarrollo materialístico perseguido por ambos sistemas.

De manera magistral plantea que hasta la biología sabe que una extrema seguridad y bienestar no son ventajosos para ningún organismo viviente. En otras palabras, ningún beneficio nos depara la satisfacción constante de deseos olvidándonos de cosas más importantes relacionadas con el espíritu. Occidente se ha apartado de su tradicional religiosidad dejándose seducir por cosas materiales y una libertad extrema que supuestamente le debieran dar felicidad a sus gente cuando en realidad, el constante deseo de tener más cosas y una mejor vida les ocasiona preocupación y hasta depresión.

Los mensajes de Solschenitsin dejaron mal sabor en mucha gente de Occidente quienes esperaban tener en él a un incondicional defensor del sistema capitalista. Típica pretensión de mentes estrechas que todo lo reducen a blanco o negro.

Este hombre nos ha dejado sus ideas. Ahora más que cuando nos las entregó, allá por finales de la década de los setenta, cobran relevancia ya que de manera visionaria nos alertó acerca de los peligros que Occidente corría al no entender y menos aceptar, la forma de vida de otras gentes, en otras partes del mundo, con otras tradiciones y creencias. En otras palabras, nos estaba diciendo que la arrogancia del pensamiento oocidental podría estar incubando odio extremo en otras culturas lo que a la larga desataría una ola de violencia y terrorismo.

Alexander Slschenitsyn ha muerto, pero sus ideas cobran vida cada vez con más fuerza. Tal vez sea demasiado tarde. Uno nunca sabe, pero al menos tenemos una fuente más de aprendizaje que podría resultarnos beneficiosa si le prestamos atención. El mundo, y nosotros somos parte del mismo, está cada día más polarizado, seguramente porque no alcanzamos a comprender que nuestra bienestar no está en las cosas materiales, sino en la forma en cómo logramos interactuar respetuosamente con todos los seres vivientes de nuestro planeta olvidando un poco nuestra tendencia a querer satisfacer todos y cada uno de nuestros deseos, a toda costa y sin prestar atención a nuestro entorno.

Mi recomendación: busquen sus escritos pues su pensamiento es mucho más extenso, rico y completo de lo que puedo yo intentar transmitir en estos limitados espacios.

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