Disquisiciones alrededor de una votación
Por Hermann W. Bruch

Estamos a las puertas de una votación, para supuestamente elegir diputados y alcaldes. Digo supuestamente, pues en el caso de los diputados no somos nosotros los que elegimos. Este acto lo han ejecutado las cúpulas de los partidos. Nosotros sólo ratificamos o nos abstenemos en señal de rechazo.

He estado reflexionando mucho acerca de la responsabilidad que los salvadoreños tenemos por delante. Votar por una asamblea equilibrada parece ser un mandato ineludible. No hacerlo significará comprometer el futuro de nuestro país. ¿Cómo se decide? La cruz la vamos a colocar en una bandera. Las banderas representan a partidos políticos. Los partidos supuestamente representan al pueblo. El pueblo es una masa indefinida de personas con intereses muy disímiles. Entonces la pregunta es ¿qué debo tener en mente cuando pongo la cruz sobre una bandera? Veamos.

Si soy de derecha, ¿significa eso que debo colocar la cruz sobre la bandera de ARENA? No necesariamente. Ese partido ha actuado mal últimamente. Sus dirigentes, sus allegados, sus benefactores, sus patrones sólo han velado por sus propios intereses, mezquinos la mayor de las veces, corruptos en no menor escala. Entonces, si soy de derecha ¿por quién debo votar? Tampoco debo colocar la cruz en la banderita del partido opositor, el FMLN. Este partido no me representa, no me da confianza, no es de mis simpatías. Lo digo seriamente no con intenciones peyorativas. Es así y nada más. No es sensato cometer un error sólo porque quiero castigar. El futuro de nuestro país está en juego. ¿Por el PCN? ¡Ni loco! ¿Y…?

Pues quizá debamos considerar algún partido de los pequeños, para hacerlos un poco más fuertes y darles la posibilidad de convertirse en equilibrio. Mi escala de opciones es: CD, luego FDR y por último PDC. Creo que no requiere mucha explicación, pero la daré. El CD me dá la confianza de saber que tienen gente consecuente con sus principios, es de izquierda, pero no es de izquierda radical. El FDR, tiene gente buena, un tanto resentidos con sus orígenes (FMLN), pero no tienen lastre de corrupción aparente. PDC por su lado es un partido que no se sabe qué es. Ahí dentro hay de todo y más parece un partido oportunista infiltrado por fuerzas oscuras de una supuesta derecha, pero con aviesas intenciones. Un partido que está a un paso de convertirse en un segundo PCN. No queremos eso.

Entonces veamos qué puede suceder. Según estadísticas pasadas y suposiciones mentalistas, lo que pudiera resultar es que ARENA logre unos 25 diputados. El FMLN podría estar llevándose unos 33 diputados. Es sólo intuición. El PCN, por inercia tendría unos 8. El PDC , también por inercia podría llevarse unos 8. Y aquí viene lo bueno. Quedan 10 diputaciones para ser compartidas entre el CD y el FDR. Si fueran en coalición podrían lograr fácilmente esos 10 puestos, pero al no hacerlo, tendrán que pelearse. Eso no es bueno pues divide. Entonces el tema de último minuto para sus campañas es el mismo: CD o FDR, somos la solución, la salvación de nuestro país. Somos los que vamos a defender los intereses de las mayorías y no sólo los de los extremos. Somos la conciencia de El Salvador.

Luego, en marzo, tendremos la gran contienda. La madre de las contiendas (está de moda eso de la madre). Tendremos que elegir quién será nuestro presidente. ¿Importa de verdad quién será el elegido? Parece ser que no. Si gana el candidato de la izquierda, todo parece apuntar a que no tendrá ni una sola oportunidad de gobernar. ¿Por qué lo digo? Pues porque no soy ciego y porque parece ser que es lo que piensa la mayoría de la gente. Lo dicen las encuestas. La pregunta es ¿y si no gobierna Funes, quién lo hará? La respuesta es obvia. Lo dicen las encuestas. Gobernará la cúpula de su partido. Es una cúpula autoritaria, totalmente comprometida con el proyecto de cambio de sistema para convertirnos en una sociedad socialista al estilo bolivariano. ¿Es eso bueno para el país? ¡Sería catastrófico! No tenemos ni la cultura ni los recursos para poder financiar ese cambio sin poner en peligro el futuro de nuestro país. Y lo peor es que sería un cambio irreversible, al menos en unos cincuenta años. Nuestros hijos serían abuelos para ese entonces y nadie puede predecir nada.

Si gana el candidato de la derecha, ¿quién gobernará el país? Todo parece indicar que tampoco será él. Rodrigo es solamente un buen tipo, pero no tiene la suficiente madurez política ni la suficiente suspicacia como para poder superar al omniseñor del partido – Tony Saca – ni a los disímiles poderes fácticos del país. ¿Quiere decir esto que no tenemos salida? Por supuesto que la hay. Votar por Rodrigo es quizá la única salida que tenemos, pero no debemos entregarle el país a su partido. Debemos ponerle los suficientes pesos y contrapesos para que la gestión vaya dirigida a resolver los problemas prioritarios de la gente: reactivar el campo, eliminando los intermediarios que lo sofocan. Reactivar la economía proporcionando el crédito a los sectores más gravitantes, la construcción y las pymes. Fortaleciendo de una vez por todas las principales instituciones: una Asamblea que represente la voluntad del pueblo; un Tribunal Electoral despartidizado y con separación de funciones entre lo administrativo y lo político electoral. Una Corte Suprema de Justicia despolitizada y saneada. Y por encima de todo, una Corte de Cuentas convertida en un ente Contralor independiente de los partidos políticos y altamente técnico.

Por supuesto que la lista es larga y llena de cosas igualmente importantes, pero no se puede hacer todo a la vez. Suficientes obstáculos hay en el camino de tan solo una de las prioridades mencionadas. Lo que significa que, en ausencia de un SUPERMAN, el primer mandatario tendrá que conciliar con todas las fuerzas del país, comenzando de abajo para arriba. El que puede hacer esto es Ávila, no Funes pues no tendría que desgastarse en el enorme costo de un cambio radical de sistema ni en la parálisis que eso conlleva. Por lo tanto, el voto responsable deberá dársele a él, pero con las condiciones descritas. Si no se pone a trabajar de inmediato en esos temas, mejor que ni lo piense. Deberá renunciar pues de lo contrario será la vergüenza de la historia. Es por ello que es muy importante saber votar en las primeras elecciones para escoger bien el primer poder del Estado. Desde allí se pueden impulsar los cambios necesarios.

Todo lo que he escrito arriba lo he hecho con profunda convicción, despojado de impulsos emocionales, apegado a mis principios éticos y morales y alejado de revanchismos ni simpatías personales. Si no, que Dios me juzgue.

1 de enero de 2009

You can leave a response, or trackback from your own site.