El puerto en busca de un faro
Por Hermann W. Bruch

He tenido la oportunidad de conocer más acerca del Puerto de La Unión gracias a la gentileza y amabilidad de Ana Vilma de Escobar, Vice Presidenta de la República. He quedado muy bien impresionado por el esfuerzo, el trabajo y la dedicación que ella y un grupo selecto de personas han puesto en la consecución de esta magna obra. Por ello, me veo obligado a dar mi opinión y a compartirla con quienes tienen la paciencia de leer mis escritos.

El proyecto fue imaginado hace ya muchos años. Realmente no importa desde cuándo ni bajo qué presidencia, pues lo que vale es que fue en la actual Administración que efectivamente se le dio vida. Y en este esfuerzo ha jugado un papel muy importante e incidente, la tenacidad de la señora de Escobar. Ella de seguro se sentirá incómoda pues su sencillez y humildad la hacen muy esquiva a los elogios. Pero los merece.

El Presidente ha enviado de nuevo la iniciativa de Ley a la Asamblea en busca de aprobación del modelo de concesión y demás aspectos incluidos en ella y los salvadoreños, todos, debemos estar expectantes y presionar porque esta vez fluya sin problemas hasta su aprobación por todo lo que significa para el futuro de nuestro país. Son innumerables las razones por la que nos conviene aprobarlo y echar a andar este magnífico puerto que, gracias a la cooperación japonesa, es ahora realidad y una joya en la costa americana del Pacífico.

El título de este artículo evoca dos ideas preeminentes: los puertos casi siempre son asociados con faros y viceversa y, el extraordinario faro que fue el Volcán Izalco cuando años atrás, fulguraba noche tras noche de manera intermitente, llamando la atención de manera impresionante a toda nave que se acercara a unos 25 kilómetros de nuestra costa. El nuevo puerto de la Unión, está pidiendo a gritos que le dotemos de un faro que anuncie su existencia y proximidad, pero no necesariamente un faro físico, sino uno simbólico y figurado que avise que existe, que funciona que ofrece facilidades de avanzada y que está estratégicamente posicionado. Ese faro es el que debe proporcionarle la Asamblea Legislativa, aprobando el proyecto de Ley que le ha enviado el Ejecutivo.

Este punto es quizá uno de los más relevantes pues al analizar el mapa de las Américas, es obvia su ubicación ideal para convertirlo en un HUB para la región. Tan obvia que países vecinos están seriamente observando lo que hagamos – o no hagamos – para tomar la iniciativa y llenar el espacio en provecho de sus economías. Nosotros ya tenemos lo principal, la infraestructura y debemos sentirnos enormemente afortunados de haberlo logrado antes de que se desatara la crisis financiera global pues de lo contrario no habría muchas posibilidades de conseguir el financiamiento para su ejecución. Ahora sólo falta el tramo final: ponerlo a funcionar.
En esto es donde parece que se han trabado las carretas en una discusión que, debido a la campaña electoral, tomó un rumbo indebido, pero que ahora que al cuadro político está definido, debiera aprovecharse para darle trámite sin mayores dificultades ni contratiempos. La concesión a un operador de calidad mundial y de características especiales, no debiera retrasarse especialmente ahora que se han tomado en cuenta las sugerencias y observaciones de los especialistas. Mentes brillantes todas que han dedicado muchas horas de trabajo para elaborar un proyecto viable y en beneficio de nuestro país.

La sugerencia de que CEPA administre este puerto de la misma forma que ha administrado Acajutla y el Aeropuerto, no tiene mucho asidero, excepto el de esconder una postura de conveniencia política para quienes la apoyan. ¿Por qué digo esto con tanta seguridad? Porque por todo lo que hemos podido entender al escuchar las opiniones de diversos sectores, empresariales, académicos, técnicos y políticos, podemos concluir que el Puerto de la Unión no es un puerto cualquiera. Su alcance va mucho más allá. Es logístico, es estratégico, es comercial. Me explico. No se trata simplemente de su capacidad de mover carga sino la de atraer inversión, tráfico de mercaderías masivo, procesar, reconvertir y redistribuir mercaderías añadiendo valor a las mismas con todo lo que esto significa para la creación de empleo. No podemos verlo como un puerto para manejar carga de y hacia El Salvador. Eso ha sido Acajutla y, por todo lo que podemos ver, ha sido una operación deficiente y financieramente fallida. Y más aún, sin trascendencia para nuestro país. De hecho estamos detrás de Guatemala, Honduras y Costa Rica en capacidad de manejo de carga. Triste, pero cierto.

Tampoco podemos compararlo con el Aeropuerto pues las condiciones de éste lo colocan en una categoría muy distinta. CEPA podrá haber hecho un excelente trabajo con el manejo de Comalapa y de Acajutla, pero no pasa de una gestión de manejo de operaciones, muy lejos de una gestión de impulsar comercio regional y extra regional y mucho menos de proyección logística o de atracción de inversión. Pero más importante aún, CEPA no tiene la estructura legal que le permita funcionar con la agilidad y la agresividad que este tipo de gestiones demanda. Es por ello que una concesión es no sólo altamente deseable sino que indispensable para poder jugar en las grandes ligas.

Un puerto de clase mundial, manejado por un operador de clase mundial, con tecnología y técnicas especializadas de nivel mundial, traerá beneficios incalculables a nuestro país y especialmente a la zona de la Unión. No es algo que el Estado salvadoreño esté en capacidad de operar y tampoco tenemos la capacidad financiera para hacerlo. Son cientos de miles de empleos, directos e indirectos los que están a punto de ser creados, sin mencionar la actividad económica que se genera alrededor de un puerto debidamente manejado y operado.

Esperemos que nuestros diputados tengan la suficiente claridad e inspiración para poder dar vida a este proyecto que, por muchos años, no tendrá parangón para nuestra economía. No perdamos el tiempo y echemos a andar de nuevo a nuestro país. Este podría convertirse en el detonante de una recuperación económica y la clave para enfrentar la crisis, pudiendo incluso ser gravitante en mitigarla.

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