¿Está en peligro el sistema en las próximas elecciones?

Por Hermann W. Bruch
E-mail: hwbruch@gmail.com

La interrogante planteada en el título de este artículo es una que ha estado flotando en el ambiente político electoral salvadoreño desde hace algún tiempo. No sé si atribuirlo a que es una preocupación de mucha gente o si es un fantasma que unos pocos quieren mostrarle a la gente para causar temor. Creo que la respuesta es: un poco de ambas cosas.

Pienso que a las grandes mayorías, inmersas en una situación bastante precaria desde el punto de vista económico, el tema del “cambio” es un tema que se le hace apetecible. Esto es así aquí y en cualquier parte del mundo, especialmente en estos tiempos en que el estilo de liderazgo de los gobiernos, sean de derecha o de izquierda, ha dejado mucho que desear en cuanto a la satisfacción de las expectativas de sus pueblos.

Una explicación de esto la podemos buscar en el hecho de que, con el advenimiento de la globalización, los países se han visto sometidos, todos por igual aunque con matices diferentes, bajo el imperio de un distorsionado y voraz capitalismo que ha sido dejado al azar por quienes tienen la responsabilidad de velar el cumplimiento de ciertos preceptos y reglas de respeto, convivencia y ética entre los diferentes actores de una sociedad. En otras palabras, gobernantes que se han servido de las instituciones del Estado para beneficio personal y de sus grupos afines.

Cuando los liderazgos fallan, la gente quiere cambio. Esto es así y no está sujeto a discusión. Es parte intrínseca de la naturaleza humana. Y he aquí en dónde está escondido el peligro, pues el cambio no siempre es para mejorar y en la época de las comunicaciones aceleradas, desmedidas, extremadamente mediáticas de imágenes alucinantes, la oferta del cambio es distorsionada por la mentira, la demagogia, la exageración, el cinismo y la total ausencia de valores éticos y morales.

Los salvadoreños hemos sido gobernados por 20 años por el partido ARENA. Este partido, que tuvo su génesis en la guerra y cuya validez nadie podría cuestionar, perdió su objetivo en el camino. El poder desfiguró la agenda de un partido que nació como trinchera de guerra y no logró convertirse en instituto político y en un verdadero partido de representación del pueblo. Grupos de poder económico, principalmente el financiero y luego otros, se fueron apoderando del aparato del partido y del gobierno, al grado de convertirlo en una sola cosa y el descalabro no se hizo esperar con la llegada del “comunicador”, Tony Saca, quien supo aprovechar el poder mediático para apoderarse del partido y hacer su antojo. Por supuesto que acompañado de una camarilla de sinvergüenzas que se dedicaron a saquear las arcas del estado de manera repugnante.

La gente quiere cambio y con justa razón. Y el Frente, que sabe que el momento le ha llegado, adopta a un advenedizo comunicador – en la lógica de repetir el éxito de Saca – y se lanza a la campaña electoral de manera triunfalista. Manejan de manera inteligente y muy profesional la campaña y ponen en jaque a ARENA. La gente que está al frente de la campaña de Ávila no sabe nada de comunicación moderna. Quien sabe es Saca, pero éste no está interesado en colaborar. Probablemente ya hizo un pacto con “el diablo”, al mejor estilo nicaragüense, en busca de “seguridad” y ha dejado que su “ungido” y rebelde candidato, se las arregle como pueda.

Los fundadores y la gente decente de la derecha no tienen idea de cómo hacer marketing político y andan a la desbandada. Aún así, el electorado que
se considera independiente, que piensa un poco y que no se deja engatusar, podría darle nuevamente el triunfo. Siempre y cuando el partido, su candidato y su compañero de fórmula se pongan las pilas y entiendan lo que tienen que hacer para cautivar a ese electorado “flotante” y a la gente en general.

Ávila tiene que desmarcarse de los grupos que tienen asfixiada la economía del país, los bolsillos del pueblo y el aparato institucional. Tiene que reactivar el agro, pero tiene que decir cómo lo va a hacer y esto pasa por un irremediable divorcio con los odiosos poderes monopólicos que controlan ese sector. En otro campo, tiene que aliviar la carga que las medicinas representan para el bolsillo del pueblo, pero eso pasa por desmantelar el diabólico aparato burocrático que existe en torno a ellas. Ya no es aceptable que nuestras medicinas cuesten en El salvador, hasta ¡diez veces más que en otros países de Latinoamérica y del mundo!

Tiene que buscar solución al problema de escasez de vivienda y de paso ayudar a levantar al sector de la construcción, generador de empleo por excelencia. Pero para ello tiene que romper filas del sector financiero tradicional y montar un sistema de asignación del crédito adecuado y a prueba de corruptos. Nada fácil, pero posible si se lo propone. Tiene que lograr montar una alianza entre el Estado y el Mercado. Ya no se valen los fundamentalismos

Por supuesto que está en peligro el sistema en las próximas elecciones. Si gana el FMLN, e ausencia del mecanismo de referéndums, seguramente montará una poderosa maquinaria para movilizar el “poder popular”, como le llaman los socialistas marxistas al movimiento callejero para poner en jaque el sistema. Y cuidado con andar creyendo en pajaritas preñadas cuando decimos que nuestra constitución no permite cambios estructurales. Recordemos que antes de la guerra teníamos la convicción de que en nuestro pequeño territorio no podía haber guerrillas pues la “benemérita” guardia controlaba cada metro cuadrado del mismo. No podemos seguir siendo tan simplistas. Nuestro sistema republicano está en peligro.

Si gana ARENA, también peligra el sistema, pero el sistema perverso pues significará que Ávila se tendrá que haber comprometido, en aras de buscar credibilidad, a hacer cambios estructurales en ese oprobioso “sistema” de privilegios mercantilistas que socavan nuestra institucionalidad. De ser así, bienvenido el cambio. Ese cambio al fin tendrá el significado que quisieron darle hace veinte años cuando nos ofrecieron cambio para mejorar.

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