El precio de las medicinas en El Salvador: la solución

Por Hermann W. Bruch

Mucho es está hablando últimamente al respecto del alto – escandaloso – nivel de precios de los medicamentos en El Salvador.

Podemos especular que esta vez hay un poco más de seriedad en la atención que las autoridades de salud están poniendo sobre el tema. El hecho de que uno de los Vice Ministros es el responsable del más completo, serio y científico estudio que se ha hecho recientemente acerca del costo de los medicamentos en El Salvador, de por sí es una razón para tener esperanzas de que algo va a pasar.

Sin embargo, y con el afán de dar una opinión adicional que pueda servir de algo, me he sentido motivado y hasta compelido a meterme en el tema, pues desde algún tiempo atrás he venido observando cómo las fuerzas del mal (como llamo yo a las influencias que ejercen los “malignos” intereses que rondan el sector de la salud), se han encargado de distraer la atención acerca de la verdadera razón de que el precio de nuestras medicinas sea arriba del 1000% de lo que pagan los consumidores por estas mismas medicinas en otros países del continente y muchos otros del mundo.

Digo esto porque toda clase de mal llamados intelectuales y economistas andan por ahí recetando eliminar el IVA a las medicinas como si este fuera el causante del exorbitante nivel de los precios. El caso es que esto no puede estar más alejado de la realidad.

Tampoco es la voracidad de distribuidores y farmacéuticos la única causa pues voracidad existe en casi todas las actividades comerciales de las personas, pero no todos los sectores sufren de estas atrocidades como el sector salud. Tampoco el problema es la falta de control o de regulación, aunque no caería mal considerar echar una mirada al aspecto regulatorio. Pero no con la aviesa intención (aunque parezca bien intencionada) de “regular” las excesivas ganancias de los intermediarios, pues ya sabemos que esto encierra un mal peor: el de la arbitrariedad de los reguladores que eventualmente se convierte en caldo cultivo de la corrupción.

La verdadera causa de los altos precios es en primerísimo lugar la falta de competencia alentada por los entes “reguladores” que hoy por hoy están en manos de los mismos intereses. El Consejo Superior de Salud, la Junta Farmacéutica y no sé que otros engendros, son los que meten mano para favorecer a un grupo de mafiosos mercantilistas de las medicinas en contra del interés de los consumidores, que somos los seis millones de salvadoreños que requerimos de medicamentos constantemente. Estos “entes” confabulan contra la salud de la gente para el enriquecimiento desmedido y obsceno de unos pocos manejadores de la cadena de distribución y venta. Son, en la realidad la misma cosa. Son una perversa maquinaria de jueces y partes.

Si cualquier salvadoreño, cualquier emprendedor, pudiera libremente importar medicinas y venderlas libremente en el mercado, literalmente en los mercados, en canastos, los precios se vendrían estrepitosamente para abajo y esto favorecería la salud mental y física de TODOS LOS SALVADOREÑOS.

Por supuesto que habría que imponer regulación, de la transparente, a la venta de algunos fármacos. Claro que sí. Y digo transparente y además efectiva. Medicinas con receta, receta de médicos y no de charlatanes o como es a menudo el caso, del mismo dependiente de las farmacias.

Pero hay cientos de medicamentos de venta libre, “over the counter” como dicen en inglés, que pudieran ser vendidas libremente en canastos, y el efecto no podría ser nunca dañino, al menos no más de lo que ya es la venta de medicinas tal como la tenemos ahora. Nos venden porquería y nos la venden a precios exorbitantes. Pues yo prefiero comprar esa porquería a precios accesibles y al menos tener el beneficio del efecto “placebo” que bien sabido es que tiene aspectos muy positivos en la salud de las personas.

Por supuesto que se rasgarán las vestiduras más de algún profesional, o mercader, o intelectual o economista pues lo que estoy proponiendo es el caos. Pero la verdad es que se las rasgarían porque se les acabaría el pingüe negocio que ahora tienen. Hay momentos en que el casos es bueno.

El pueblo estaría mejor de inmediato y si después de un tiempo se quiere regular más efectivamente, en el caminos se irían encontrando las formas, seguramente copiando lo que hacen otros países en donde la salud y el bienestar de la gente es prioridad de las autoridades.

COMPETENCIA y TRANSPARENCIA

Son las palabras claves en este asunto. Si no lo entendemos o no queremos entenderlo, no lograremos jamás resolver el problema. Y pensar que la solución podría ser inmediata y que el pueblo estaría tan agradecido, que casi me atrevo a decir que sería factor decisivo para salvar la calificación de los primeros cien días de este gobierno.

¿Será que podemos soñar?

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