¿Hacia dónde va El Salvador?

Por Hermann W. Bruch

Estamos en una crisis. Pero no es la crisis que todo el mundo reconoce, la económica. Estamos en una crisis de nación.

Me he tomado el tiempo para volver a escribir pues he querido tener el tiempo para observar lo que está sucediendo, darle tiempo al Gobierno para asentarse y, esto es lo más importante, analizar las reacciones de la gente, la que trabaja, la que mantiene el país, la que hace que las cosas sucedan, la que sufre los embates de la naturaleza y los embates de la clase dominantes, de la clase dirigente: políticos, empresarios, autoridades, gobernantes, pastores, académicos, líderes de opinión, etc.

Voy a ir por partes.

1. El Gobierno. Casi 5 meses han transcurrido y aún no sabemos qué piensan las autoridades. No dan entrevistas a la prensa. No abren la información. No hay transparencia. Hemos tenido una calamidad nacional causada por la naturaleza y los responsables no han respondido como se esperaba de ellos y ni siquiera dan la cara. El país se desangra y no tenemos claro quién manda, quién dirige, quién toma decisiones.

Puedo entender que el mandato popular les llegó por sorpresa. No se esperaban ganar y por lo tanto no estaban preparados, pero…nos habían dicho en la campaña que sí tenían un plan. Cinco meses después, lo único que tenemos en claro es que hay una propuesta de reforma tributaria que sin duda es necesaria, pero que no se quiere discutir. Y esto sucede dentro de un gobierno que no tiene mucho respaldo ni de su partido y mucho menos de la oposición. Preocupante, para ponerlo con suavidad.

2. La crisis de ARENA. Las diferentes lecturas que he observado se distraen en la superficie, pero por alguna razón, no tocan el fondo. ARENA está en problemas desde hace años. No es a raíz de haber perdido el poder, sino que al contrario: han perdido el poder porque han estado en crisis y nunca lo quisieron aceptar ni enfrentar. ¿Quién o quiénes es ARENA? Una respuesta honesta y sincera podría ser parte de la solución, pero el problema es que nadie está dispuesto a entrarle al tema.

Yo tengo un hijo que me acusa de ser arenero, algo que me endilga como acusación y yo me hago la pregunta – ¿he sido arenero? Mi respuesta es NO, pero sí he sido simpatizante de ese partido, especialmente al comienzo. He tenido y tengo amigos en ese partido, pero he tenido grandes y ásperas discusiones con ellos.

Yo siento que ARENA me ha fallado. Siento y lo he denunciado siempre que el gobierno de ARENA dejó de representar a la gente y se convirtió en un gobierno de y para unos pocos. Tanto el partido ARENA como sus diferentes gobiernos fueron mercantilistas y se olvidaron de la gente, del país, de las instituciones. Peor aún, se encargaron de debilitar y prostituir a las instituciones. Por ello dejamos de creer en ellos y al final, perdieron el poder.

Ahora están enfrentando una crisis administrativa, pero la verdadera crisis de su institución venía desde que entraron al poder por no haber aprovechado la oportunidad de convertirse en un verdadero instituto político, independiente del gobierno, atento a las necesidades del pueblo.

Ahora tienen la oportunidad de reparar el daño interno y sólo lo podrán hacer si convocan a un Congreso y permiten que las voces se expresen libremente, que se estimule el debate interno, que se aparten los viejos mandamases, esos que ya se enriquecieron a costa del bienestar de las mayorías. Un congreso del cual surjan nuevos y auténticos liderazgos. Conocí muy brevemente a su fundador, Roberto D’Abuisson y puedo decir con toda seguridad que él estaría manejando esto con mucha más transparencia y democracia. De hecho, si él estuviera vivo, dudo que se hubieran permitido los desmanes que pudimos observar en la trayectoria de los diferentes gobiernos de ARENA. No quiero con esto que se piense que yo creo que D’Abuisson era un santo. Para nada, pero sí era un político astuto y estaba en contacto con el pueblo y con sus bases (al menos cuando sus amigotes le permitían estar sobrio).

3. El rumbo del FMLN. Un partido “parido” por las Naciones Unidas. Un engendro de partido, pero en fin, un partido legalizado por el Acuerdo de Paz y por lo tanto, digno de ser respetado como tal. Sus líderes originales se equivocaron al haber permitido que Schafick Handal so apoderara del partido. Los famosos reformistas o progresistas cometieron el error de abandonar el barco. En política, el peor error que se puede cometer es el de abandonar espacios de poder.

Pero bueno, eso pasó hace mucho tiempo y ahora estamos frente a la realidad de que, siendo el partido que supuestamente ganó el poder, mejor dicho el gobierno (pero que en realidad no está en el gobierno) ahora se da el lujo de declararse abiertamente comunista. Nadie sabe qué significa esto en un mundo en el que esta doctrina ha fracasado rotundamente.

Pero, para entender lo que quiero decir, comunismo “a la salvadoreña” tiene un significado que debería ponernos a pensar a todos. Podemos llamarlo socialismo siglo 21, podemos llamarlo “pol potismo” o populismo despótico, o como queramos. La verdad es que nos amenazan con destruir lo poco que queda de nuestras instituciones democráticas, valiéndose de las debilidades de la democracia y una vez en el poder, nos van a dictar cómo vestirnos, dónde vivir, dónde trabajar, nos quitarán el poder de educar a nuestros hijos que pasarán a ser responsabilidad – “propiedad” – del Estado, nos quitarán los medios de producción, los medios de comunicación (los “buenos” y los “malos”) porque un principio comunista indiscutible es que la comunicación es monopolio del Estado. ¿Lo digo yo, o lo dice el Diario de Hoy, o La Prensa Gráfica, o la ANEP, o FUSADES, …? NO, lo dice el comandante Merino y lo suscriben con su silencio, los otros dos miembros de la troika dominante.

4. ¿Y ahora qué hacemos?

Los Amigos de Mauricio, un conjunto variopinto de personas fue sin lugar a dudas el artífice de la llegada de Mauricio Funes al poder. Le dieron blindaje para no dejarse dominar demasiado por el partido FMLN. Le permitió a Mauricio establecer comunicación con sectores temerosos de que la izquierda tomara el poder, tanto del capital como de la empresa privada del país y esto les dio cierta tranquilidad. La estrategia tenía lógica y, además, funcionó. El problema es que una vez ganadas las elecciones, sólo se han ocupado de ocupar puestos de gobierno, pero han descuidado el flanco político. ¿Otra especie de mercantilismo? Sin lugar a dudas. Esto es parte inherente de nuestro sistema político clientelista. No es algo que podemos cambiar de un día para otro.

Sin embargo es algo a lo que debemos prestar mucha atención y en lo que debemos poner todos nuestros mejores esfuerzos. Es imperioso convertir a este movimiento y a otros similares, en una instancia política estructurada e institucionalizada. Para ello hay que considerar alianzas con sectores de la sociedad capaces de convertir el movimiento en una masa crítica con posibilidad de transformarse en un partido político con potencial electoral para enfrentar las elecciones del 2012 y del 2014.

A ver. El país necesita despolarizarse. ARENA está en crisis. El FMLN se ha declarado abiertamente comunista. En medio sólo han quedado unos pequeños y repugnantes partidos como son el PCN y lo que ha quedado del PDC. No podemos seguir estando “secuestrados” por estos mercaderes de votos en la Asamblea. Mucho menos ahora que hemos visto que los diputados, supuestamente electos por el pueblo por un partido, se cambian de camiseta con el mayor descaro y sin que haya ley que lo impida.

El pueblo, la gente trabajadora que paga impuestos (y que no tiene posibilidades de evadirlos ni eludirlos), necesita encontrar un mecanismo que permita sacar a los políticos menesterosos del control de la Asamblea y de la fábrica de leyes malas. Tenemos que encontrar la manera, dentro de la legalidad y la constitucionalidad de impedir que nuestras instituciones vayan cayendo una a una en manos de quienes en su momento pretenden instaurar un modelo autoritario y absolutista disfrazado de cualquier cosa, como está sucediendo en otros países de Latinoamérica.

Pero también tenemos que evitar que nos vuelvan a gobernar quienes solo buscaron su enriquecimiento a costa del sufrimiento de las mayorías. Ladrones sin escrúpulos que ahora gozan de impunidad (esperemos que no por mucho tiempo) y que para colmo de males, están haciendo alianzas inescrupulosas con sus adversarios, para protegerse y seguir esquilmando las empobrecidas arcas de nuestro país.

Es imprescindible conformar un movimiento amplio de ciudadanos que buscamos mejorar el desempeño de nuestro sistema político. No tenemos que preocuparnos demasiado si es de izquierda o de derecha. Estas dos opciones por el momento estás desprestigiadas y han perdido atractivo dentro de la gente decente y trabajadora. Tiene que ser un movimiento amplio de sectores conformado por entendimientos básicos, capaz de generar un debate serio y responsable acerca del sistema que necesitamos y queremos.

Tiene que ser un movimiento al que los ciudadanos honestos les impidamos la entrada a sabandijas, tanto de derecha como de izquierda, de esas sabandijas que siempre se apoderan de todo lo que tenga visos de éxito y lo desbaratan. Esas sabandijas que no son capaces de tolerar el disenso. Un movimiento capaz de convertirse en una fuerza política sin precedentes, actuando dentro de la legalidad, pero sin contemplaciones ni miramientos inspirados en falsos sentimientos ideológicos. Debe ser un movimiento capaz de construir una ideología de nación y no una ideología de doctrinas obsoletas y caducas.

Si no tenemos los salvadoreños capacidad de cambiar el estado de cosas en el campo de los partidos políticos y por ende de uno de nuestros principales poderes del Estado (hay quienes le llaman el primer poder), entonces estaremos condenados a retroceder trágicamente en la historia y convertirnos en un pobre y patético país dominado por el crimen organizado, los cárteles de la droga, los políticos corruptos y cualquier matón facineroso que se le antoje poner bandera en nuestro suelo.

Yo no quiero esa clase de país. La mayoría de la gente no quiere esa clase de país, pero nuestra indolencia e incapacidad de organizarnos y de hacer las cosas bien nos está llevando por ese rumbo. Un hombre bien intencionado como es el Presidente Funes no puede lograr librarnos de este funesto destino si no estamos preparados a montar la batalla decisiva en pos de la democracia. Con políticos chantajistas en la Asamblea su presidencia tiene muy pocas probabilidades de éxito. El país dejará de ser gobernado por el Ejecutivo y será presa de las manipulaciones y sucias negociaciones de quienes se creen los dueños intocables de las curules del palacio legislativo.

¿Hacia dónde queremos ir? De nosotros depende. Pero para lograrlo tenemos que sacrificar algo de nuestra cómoda posición de espectadores y tenemos que convertirnos en activistas férreos e indomables. Yo pienso que sí podemos. ¿Y usted?

You can leave a response, or trackback from your own site.