Libertad, periodismo libre, terrorismo y falsedades
Por Hermann W. Bruch

Los casos de periodistas norteamericanos que han sido enviados a la cárcel o amenazados de ser encarcelados por negarse revelar sus fuentes, son causa suficiente para que quienes nos atrevemos a pensar con libertad y a expresar opinión públicamente con independencia, vayamos poniendo nuestras barbas en remojo o, luchemos doblemente por defender uno de los bastiones más importantes de la libertad.

Los acontecimientos recientemente hechos públicos por la revista “Newsweek” en su edición de la semana recién pasada, nos manda mensajes muy claros de que se está intentando minar las bases mismas de la democracia. La posible incriminación de Karl Rove, uno de los más cercanos asesores del presidente Bush en la filtración de una información clasificada, acción que de comprobarse cierta podría enviar al señor Rove a la cárcel por 10 años y a Bush fuera de la Casa Blanca. Y todo por el petróleo, la defensa del dólar, la hegemonía norteamericana y la amenaza china. Da mucho qué pensar y por qué no decirlo, dan hasta escalofríos sólo de pensar lo que se nos viene encima.

La noticia de Última Hora de La Prensa Gráfica de su edición On Line de este domingo 10 de julio, pone los pelos de punta. textualmente dice: 13 homicidios en menos de 24 horas . Gracias a Dios tenemos super mano dura pues de lo contrario quizá serían 20 homicidios… o ¿sería lo contrario? Y las autoridades siguen pensando que el control de esta plaga va por la vía de declarar terroristas a los miembros de las bandas delincuenciales conocidas como maras.

La seguridad nacional vuelve a ser, aquí y en los Estados Unidos y quizá pronto en otros países europeos simpatizantes del presidente Bush, la justificación detrás de las intenciones por acallar a la prensa y a los líderes de opinión que no juegan el juego de Bush. Aún no lo hemos sentido como un peligro inminente en nuestro país, pero dado que aquí se hace lo que los norteamericanos dictan, no tardará en convertirse en una seria amenaza para la libertad de prensa y su hermana gemela, la libertad de expresión.

En la era de las comunicaciones, la falsedad se ha convertido en moneda de libre circulación para quienes ostentan el poder. No se requiere ser muy inteligente ni siquiera muy astuto para descubrir la constante avalancha de mentiras, medias mentiras, falsedades enteras o falsedades a medias que nos mandan, a través de la millonaria campaña de publicidad del gobierno humano del presidente Saca. Esta es la nueva forma de hacer política. Aquí en nuestro país la práctica es burda. En los estados Unidos y en los países aliados, es un poco más sofisticada, pero igualmente dañina para la dignidad nacional.

Sorpresa me ha causado las declaraciones del Director de La Prensa Gráfica vertidas a una revista de negocios cuando acepta haber recibido grandes presiones del anterior gobierno y, de paso nos dice que la mejor manera de mantener la independencia periodística es la de fortalecer las finanzas del medio. Valientes declaraciones por lo que implican. Lo contradictorio de esta aseveración, a simple vista lógica y cierta, es que en nuestro país, debido que no hay una ley que lo prohíba, el gobierno puede gastar en publicidad lo que le venga en gana y por ende el presupuesto publicitario se ha convertido en la forma velada de ejercer presión sobre los medios.

Ningún medio publicitario podría sobrevivir sin la publicidad del gobierno. Esto implica que, sin caer en la despreciable sumisión, los medios manejan hábilmente su cobertura noticiosa y su línea editorial de tal manera que, hacen poquito daño, dicen las cosas sin tocar llagas y, de vez en cuando, descargan todo el peso de la información contra ciertos funcionarios a sabiendas que estos son dispensables para el gobierno y quién sabe si no se da incluso cierta complicidad contuberniosa en el camino.

Así y todo, aplaudimos cualquier esfuerzo que se haga en pos de fortalecer la prensa y la libertad de expresión. Sería lamentable que después de haber sufrido una guerra fratricida por más de 12 años, y habiendo logrado transitar hacia un estado de democracia, aunque sea de manera temblorosa y y con grandes debilidades institucionales, vayamos a caer en la tentación de ejercer controles abusivos sobre la labor periodística y el ejercicio de la libertad de disentir y opinar con independencia.

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