¿Seguimos estando secuestrados por gente inescrupulosa, hipócrita y en algunos casos delincuentes?


Columna publicada en Diario Digital La Página, 15/01/2011

Los que se preguntan a quiénes me refiero podrían ser calificados de despistados, ingenuos o simplemente ignorantes. Todo es posible en nuestro país que funciona al revés de cómo las personas civilizadas quiséramos.

Se me ha sugerido, en más de algún comentario a mis artículos de opinión, que mi estilo es poco serio, mal estructurado y muchas otras definiciones que prefiero no repetir pues me dan vergüenza. No me siento ni pretendo ser monedita de oro, pero al menos una cosa sí pretendo ser y la defiendo a capa y espada: soy un salvadoreño que quiere vivir en un mejor país, rodeado de personas que vivan bajo condiciones decentes, gobernado por funcionarios honestos y capaces, y representado en nuestro órgano legislativo por personas con instrucción notoria, capacidad de comprender las necesidades de todo un pueblo y con la suficiente integridad como para convertirse en modelos de una sociedad que clama a viva voz que está harta de tanta hipocresía, tanta delincuencia, tanta corrupción y tanta anarquía institucional.

Ahora puedo regresar al titular de mi artículo: me refiero a los diputados y diputadas que cohabitan en el recinto legislativo y que constantemente incumplen su mandato, menosprecian la ley o simplemente son cómplices de actuaciones ilícitas por simple omisión y un mal entendendido espíritu de camaradería. Esos y esas que día a día se burlan de nosotros los ciudadanos, se burlan de las mismas leyes malas que ellos mismos nos recetan de manera irresponsable, inconsulta sin el debido proceso, sin debate, sin estudio, respondiendo únicamente a lineamientos espurios que les llegan de las cúpulas de sus partidos.

Pueden estimados lectores acusarme de superficial, irrespetuoso, poco académico en mis planteamientos, poco estructurado, sin estilo literario y en todo les doy la razón. Estoy indignado y la indignación me impide cuidar de los estilos y de los protocolos. ¡Al diablo con ellos! Estoy harto, estoy molesto, estoy desencantado y me causa náuseas ver lo que sucede a mi alrededor sin que nuestras autoridades den muestras de sincera preocupación.

Nos hemos enterado recientemente de una funcionaria de la asamblea legislativa, ese recinto en donde se reunen una serie de personajes que merecen el desprecio de los ciuadanos (lean las encuestas por favor)quien al verse acosada sexualmente por el encargado de recursos humano de ese mismo órgano del Estado, decidió valientemente acusarlo y demandarlo ante la Fiscaía y lo único que recibió por respuesta ha sido su despido. Sí amigos, la víctima ha sido la despedida y al acosador sigue impune en su puesto.

Iris Chavarria Rodríguez, colaboradora administrativa de la Asamblea, jamás pensó que sería ella la removida de su cargo al haber denunciado y acusado ante la Fiscalía a su jefe, Boris Ernesto Martínez, Gerente de Recursos Humanos de la misma institución. Pero eso es lo que ha sucedido, sin que a la fecha se haya producido ningun pronunciamiento de parte de ninguno de los 84 diputados. Estas cosas nos causan náuseas.

Cuando en alguna institución gubernamental o privada se da un caso de acoso sexual la persona implicada “debería de ser suspendida de su cargo mientras se compruebe su inocencia o culpabilidad”, dice correctamente Irma guirola de CEMUJER. Pero en nuestro país sucede lo contrario: las víctimas terminan siendo despedidas y los victimarios siguen en el puesto.


A ver díganme ustedes, amables lectores, ¿estoy siendo demasiado irrespetuoso con nuestros ilustrísimos representantes? ¿Hasta dónde esperamos que lleguen las cosas antes de que nos motivemos a actuar?

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