La FUERZA de los ciudadanos

Por Hermann W. Bruch

Escrito para Diario Digital La Página, domingo 13 de febrero, 2011

“Lo difícil se consigue. Lo imposible se intenta”

Napoleón Bonaparte

Los acontecimientos de la semana pasada en Egipto nos han dejado una gran lección: ha llegado el fin de los que se auto denominan “iluminados” y dueños de los destinos de sus pueblos. Ha llegado el momento del poder en manos del pueblo, al menos el poder de revocar a sus mandatarios cuando éstos parecen haber olvidado sus verdaderos objetivos. Ha llegado el momento de escuchar al pueblo.

Para aquellos en otras latitudes, que aún no lo han entendido, ha llegado el momento de poner las barbas en remojo. Y para los pueblos que aún no lo entienden, ha llegado el momento de ejercer su obligación de gritar y su derecho a ser escuchado.

Por supuesto que hay pueblos que son “más pueblos” que otros. Por supuesto que entender esto requiere de cierto grado de conocimiento y de valor. Aplicarlo requiere de cansancio, sacrificio y entereza. Es necesario estar cansado de que nos burlen. Es necesario sacrificar nuestra comodidad. Es necesario tener entereza, eso que la Real Academia define como “fortaleza, constancia y firmeza de ánimo”.

En nuestro país pareciera que ya estamos alcanzando el nivel de cansancio necesario para tomar acción. Ya no estamos contentos con la forma que nuestros políticos se comportan. Pero parece que aún no encontramos la determinación para abandonar nuestra cómoda posición de “gobernados”, nuestra cómoda posición de “víctimas”. Pero lo más grave de todo es que parece que no tenemos ni fortaleza ni constancia ni firmeza de ánimo. O sea que en realidad, aún nos falta mucho para ser verdaderos ciudadanos.

Por muchos años estuve convencido de que los salvadoreños éramos diferentes a otros porque sabíamos trabajar, sabíamos gozar y sabíamos enfurecernos cuando era necesario. Por esto último algunos se fueron a las montañas y por lo mismo recibieron al apoyo de una gran parte de la población. Luego me convencí de que éramos diferentes cuando logramos encontrar el camino hacia la paz y al entendimiento y respetar aquello que habíamos acordado (el Acuerdo de Paz).

Pero luego me di cuenta de que también éramos diferentes cuando me percaté de que unos cuantos mal llamados hijos de la patria (los políticos) se abrogaron el derecho de “vernos la cara” a los ciudadanos y cuando observé que la gran mayoría había abandonado la lucha por el desarrollo cayendo presa de instintos consumistas, abandonando valores y emprendiendo una carrera por demostrar “ser en tanto tener”, dejando de ser buenos ciudadanos.

En el camino he sido vilipendiado por quienes quieren confundir nuestra aspiración por una mejor representación dentro del recinto parlamentario acusándonos de querer desconocer a los partidos políticos como necesarios para ejercer la democracia. No han querido, o no les ha convenido, entender que lo que queremos es mejores Partidos Políticos y mejores Diputados. Hoy por hoy no tenemos ni lo uno ni lo otro.

Un ciudadano valiente y conocedor de lo que necesitamos ejerció su derecho y antepuso un recurso de inconstitucionalidad ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y cuatro Magistrados valientes y respetuosos de su verdadero cargo y mandato, firmaron una sentencia que por un rato nos devolvió la esperanza a los ciudadanos que queremos una País mejor en donde vivir.

Desafortunadamente, los “malos hijos de la patria”, esos que se creen estar por encima de la ley por el mero hecho de que ellos “hacen la ley”, han desconocido esta sentencia y la han manoseado hasta entregarnos un mamotreto, mismo que ha sido sancionado por el Presidente de la República. Y como para darnos una demostración de fuerza y de total desprecio, los diputados han seguido “haciendo feria” de los dineros del pueblo y se burlan de nosotros día a día como si fuéramos unos idiotas retrasados mentales.

Ante todo esto me pregunto: ¿Hasta cuándo seremos capaces de entender el mensaje? ¿Cuándo haremos uso de nuestra FUERZA ciudadana?

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