Opinando con temor

La gente me pregunta

Por Hermann W. Bruch

Desde que se llevaron a cabo las votaciones (elecciones tendremos cuando podamos elegir de verdad) no he querido escribir ni ofrecer opinión pues siento que hay tanta anomalía y manipulación de la opinión pública, que no viene al caso lo que otro ciudadano más tenga que decir. Pero ante la insistencia de muchas personas que me escriben o me preguntan en la calle qué pienso de lo que está sucediendo, me siento obligado a escribir algo. No lo hago con mucha convicción porque como dije antes, siento que lo mío sale sobrando. Pero aquí va.

VotacionesLa mitad de los que estamos en capacidad de emitir el voto fuimos ese día 11 a las urnas y a decir verdad, todo pareció estar bien organizado, dada la magnitud del trabajo logístico y del cambio de sistema. Por lo que valga, mis respetos a los organizadores y a todas las personas que trabajaron en esto, antes y durante el evento. No puedo decir lo mismo con respecto de los resultados pues las anomalías son evidentes, las picardías de los políticos saltan a la vista y mientras no se cierren los casos de impugnación y reclamos, no podemos estar satisfechos. Solo tengo que insistir en lo que miles de salvadoreños estamos pidiendo a gritos: saquemos a los partidos del Tribunal Supremo Electoral – TSE y cambiemos la legislación electoral para democratizarla, tangamos una Ley de partidos políticos, exijamos transparencia en el origen y uso de los fondos de los partidos. Cambiemos el sistema de elecciones de segundo grado.ETC.

Hallazgo de El Faro y apoyo a Carlos DadaEl tremendo escándalo que se ha armado a partir de una valiente publicación de este excelente medio periodístico digital y el predicamento de su Director, el ciudadanos Carlos Dada, es sintomático de el grado de descomposición en el que nos encontramos como sociedad y la precariedad del “estado” (así, con minúsculas)y las instituciones que lo conforman.Es, en primer lugar, muy lamentable las amenazas reales, tanto las abiertas como las veladas, recibidas por dicho medio y por su Director, especialmente porque las principales y las originales provienen de las autoridades mismas. Esto, como lo he expresado antes, es una amenaza contra la libertad de expresión y me sorprende y me duele el silencio de los principales medios de comunicación y de las gremiales del periodismo en general. Estamos más atentos y dispuestos a meternos en los asuntos de otros estados, denunciando los intentos de dictadorzuelos que atentan contra los medios de comunicación y en nuestro país estamos dejando pasar estos atropellos sin darnos cuenta del peligro que todo esto representa para nuestra endeble democracia.Tal parece, y esto es lo preocupante, que en ambos extremos del espectro político-ideológico hay mentes enfermas que quisieran que regresemos a los tiempos de gobiernos autoritarios y dictatoriales, como solución al estado de inseguridad en el que vivimos los salvadoreños. La inteligencia nos ha fallado. No solamente somos un estado fallido sino que somos una sociedad fallida, en tal estado de descomposición, que las personas que supuestamente forman la “intelligentsia” (élite intelectual) se han desentendido del problema y esconden sus cabezas como cobardes avestruces, salvando su pellejo y sus inversiones.Un estado que desaparece y deja que el otro estado, el clerical, toma las iniciativas e incluso las riendas en temas que nos atañen a todos y que son de este mundo y no del otro, (aunque si seguimos así, es al otro a donde iremos a parar todos rápidamente, víctimas del crimen organizado y de las pandillas), es un estado fallido por ausente, por defecto, por omisión o por inacción. Y por muy loable que sean estas intervenciones, debemos recordar que nuestra Constitución establece la secularidad del Estado.Esto es lo pienso y aquí me quedo.

 

¿Legalizar la droga?

¿De qué estamos hablando?

Por Hermann W. Bruch

Recientemente tuvimos la visita de la señora Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad de los EE.UU. quien vino a definir las líneas estratégicas para el combate al Narcotráfico en nuestro país y demás países del triángulo del norte de C.A., Honduras y Guatemala. Esta visita viene a coronar los pre acuerdos tomados durante la visita del Presidente Obama, hace casi un año, quien, entre otras cosas, firmó una “Alianza para la Seguridad Ciudadana en América Central”, oscuro acuerdo que despertó muchas suspicacias entre analistas de todo tinte, por la falta de definición y el exiguo financiamiento ($200 millones para toda la región en cinco años).

Napolitano viene con mayores definiciones y se encontró con una estructura que responde de mejor forma a las exigencias de Washington, una estructura de “seguridad” que, de manera precipitada, se armó, despertando nuevamente la suspicacia de muchas personas, muy ostentosamente la del partido de gobierno y los simpatizantes de la izquierda salvadoreña. Militares en las cúpulas de Seguridad y la PNC.

Estamos ante la presencia de una clara injerencia norteamericana en las cuestiones de seguridad de nuestros países ante el inminente peligro que representa el tráfico de drogas por la región con destino a los EE.UU., pero quizá lo más delicado sea lo que está detrás de lo aparente y es el peligro que representa para la seguridad del norte esas amistades entre Irán, Venezuela, Nicaragua y de manera indirecta, Cuba. Esas cuestiones los norteamericanos no las dejan al azar, aunque parezca a veces que se demoran mucho tiempo en reaccionar.

El tema de seguridad de esa gran nación, (para algunos analistas el Imperio), es algo que debemos tomar con seriedad y con mucha madurez, pues nos afecta a todos, no solo por el hecho de que millones de salvadoreños viven allá, sino porque, como región, somos tremendamente vulnerables debido a nuestra incapacidad de manejar temas de geopolítica.

Pero el tema del tráfico de drogas por lo que muchos han dado en llamar “el corredor de oro” es algo mucho más delicado y de tal importancia para nosotros, que no podemos ni debemos dejarlo en manos de los estrategas de esa poderosa nación. Debemos entender que el problema no es únicamente un problema de tráfico, sino uno de comercialización en donde el gran mercado lo constituyen los habitantes de ese país y por ende, la solución del problema radica en gran medida en ese territorio. Lo que pasa en el camino no debiera ser el centro de la atención, pero tal como se dan las cosas, es ahí (o sea aquí) donde se concentra la atención de los estrategas y en donde se establece el teatro de operaciones, muy preocupantemente de carácter militar.

Y ese es precisamente el meollo del problema. No se ataca el problema donde verdaderamente está (consumo de drogas dentro de los EE.UU.) sino que se distrae la atención para convertirla en un problema de índole militar y geopolítico que tiene otros orígenes y otros objetivos. Y para colmo de males, se nos exige que pongamos nuestros recursos, no solo monetarios sino humanos. Los muertos los ponemos nosotros mientras ellos se enriquecen con un mercado que deja de ser de drogas y se convierte en un mercado de dineros.

La pregunta que nos debemos hacer es, si realmente estamos ante una situación en donde se “mueve mucha droga” o en una situación en donde se “mueven descomunales cantidades de dinero”. Alguien de manera muy suspicaz ha llegado a describir el fenómeno como “narcocapitalismo”. Muy atinado, debemos admitir, pues de eso es precisamente de lo que se trata.

El analista Dagoberto Gutiérrez, en un programa de TV, muy atinadamente insiste en que esto es un problema de mercado y sus contrapartes le contestan que no, pero es obvio que no entienden lo que Gutiérrez quiere decir (o que éste maliciosamente no explica con claridad). Es que se juega con interpretaciones semánticas alrededor de la palabra mercado y se distorsiona el enfoque. El problema es de mercado pues estamos hablando del mercado de las drogas en los Estados Unidos de Norteamérica, que significa millones de millones de dólares y obviamente esto toca, trastoca y trastroca la esencia del problema. De ser un tema de adicción, por ende de salud pública, pasa a ser un asunto de mercado, de intereses capitalistas, de movimientos financieros de grandes proporciones, con efectos colaterales que tocan la industria de armamentos y el gran negocio militar de la guerra.

Menudo problema el que nos envuelve. Y si somos medianamente realistas, debemos entender que no es un problema que está en nuestras manos resolver, por lo que nuestro enfoque debe ser diferente, radicalmente diferente. Es aquí en donde cobra importancia lo que el Presidente de Guatemala, Otto Pérez ha planteado recientemente al proponer la despenalización de las drogas. Lo que Pérez ha planteado, que obviamente no es más que un sondeo de opiniones, es lo siguiente: si el problema es de los gringos, que lo resuelvan ellos. Nosotros sencillamente dejemos que fluya la mercancía, de manera expedita y blindada, permitiendo que vaya desde su origen (Sur América) hasta su destino (frontera de los EE.UU. con México) y que de ahí para adentro, se preocupen los norteamericanos de qué hacer con esa mercancía.

Costa Rica ha hecho algo muy inteligente, pero no del todo eficiente. Incautan la droga y se la venden a los Norteamericanos al precio de mercado, de esa forma se cobran por el trabajito sucio. El problema con este enfoque es que contribuye a mantener el precio alto lo mantiene el atractivo del tráfico. Por el contrario, el enfoque de permitir que el tráfico fluya por el corredor centroamericano sin derramar el contenido en nuestros países, tiene el atractivo de que al desaparecer la persecución y el delito, cae el precio y la criminalidad que acompaña a esta cadena comercial, por lo que, nuestros países se verían beneficiados de una disminución de la violencia relacionada.

Si además, los EE.UU. prestan atención y asumen su responsabilidad en todo este asunto legalizando y regulando las drogas en su país, entonces definitivamente se acabaría el atractivo comercial y se desbaratarían los “ejércitos” de maleantes y criminales que ahora hacen usufructo de este flagelo que nos deja con millares de muertos.

Es un debate en el que deben participar muchos sectores y muchos actores. No estoy proponiendo absolutos ni mucho menos resultados milagrosos, pero una cosa es clara y evidente: así como van las cosas, todo lo que se ha intentado hasta ahora, tanto aquí como en otros países, muy notoriamente en México, ha fracasado y ha llegado el momento de buscar más creatividad, audacia y voluntad en la búsqueda de ideas que pudieran ofrecer mejores resultados, al menos para nuestros países.

Se trata de poner el problema dónde está, definirlo tal cual es y dejar que los “dueños” de esa “basura” se hagan cargo de la misma y no nos la tiren en nuestro traspatio como lo han venido haciendo por décadas.

CAMPAÑA CÍVICA

Cómo votar inteligentemente (y constitucionalmente)

Por Hermann W. Bruch

Las elecciones se llevarán a cabo el próximo domingo y nosotros los ciudadanos estamos obligados a ejercer nuestro derecho y nuestro deber de manera consciente e informada. Hemos sido víctimas de intentos de fraude de ley de parte de los partidos políticos representados en la asamblea legislativa (hoy por hoy se escribe con minúsculas) al haber manoseado el fallo de la Sala de los Constitucional que ha establecido un cambio fundamental en la forma de votar: por personas (mediante la foto y el nombre de los candidatos) y permitiendo la participación de ciudadanos independientes de los partidos a través los candidatos no partidarios.

Los partidos y sus representantes en la asamblea nos han tergiversado las cosas con la intención de confundir al ciudadano votante. Por ello es necesario tener claro algunos conceptos.

Todos estamos obligados constitucionalmente a votar por una persona, marcando con una “X” sobre su foto

Es prohibido – es inconstitucional – marcar sobre la bandera de ningún partido. Si lo hacemos, esos votos van a ser impugnados por los ciudadanos mediante un recurso de inconstitucionalidad

Si queremos elegir en libertad y no seguirle el juego a las cúpulas de los partidos políticos, debemos escoger nuestros candidatos preferidos preferentemente debajo de los primeros cinco nombres de la lista que son los escogidos por las cúpulas por ser sus “obedientes”. De esa forma podemos “mejorar la calidad” de nuestros elegidos

En donde se pueda, debiéramos escoger a los no partidarios. No es que sean mejores, pero al menos no pertenecen a la estructura perversa de los partidos y quizá encontremos gente buena y honesta que llegue a la asamblea

No dejemos de ir a votar ese día. Si llegamos masivamente a las urnas las posibilidades de tener mejores representantes son un poco mayores

No anulemos el voto pues eso le da poder a los “dueños” de los partidos

Cuidemos de no manchar la papeleta

Cuidemos de no votar por personas de distintos partidos pues eso anula el voto

Hagamos fiesta cívica el día 11 de marzo. Evitemos las confrontaciones que solo favorecen a las mafias políticas.

 

¡VIVA EL SALVADOR!

¡Qué vergüenza!

Medicamentos: una ley vergonzosa

Por Hermann W. Bruch

Los legisladores nos han vuelto a dar una demostración de su perfidia y total desconexión con la población a la que supuestamente se deben y deben responder.

Después de habernos hecho esperar una década para legislar en este delicado campo, han logrado “ponerse de acuerdo” para entregarnos un mamotreto de ley que lo único que ha logrado es disfrazar de bueno algo que terminará perjudicando más a las personas más necesitadas de nuestro país. Se ha legalizado y dotado de continuidad a los más altos precios de todo el continente mientras se le quita a la gente la posibilidad de tener consulta médica gratis en las farmacias, lo que la expone a las “prescripciones” de personas no autorizadas como son las dependientes o caer en manos de médicos charlatanes que les cobrarán por su consulta a precios exorbitantes.

Una ley a la que ARENA se opuso, pero a última hora no pudo resistir de “aparecer en la foto”. Una ley que el frente ha alterado a última hora para asegurar algo que nadie ha denunciado hasta ahora, y es que los precios se mantengan suficientemente altos para favorecer la entrada triunfal de ALBAMED, clamando precios bajos al igual que hicieron con los combustibles para luego dejarlos deslizarse hacia arriba y engrosar las arcas del partido y de sus altos dirigentes.

Una ley que aún no ha sido sancionada por el presidente, pero que ya todos celebran y utilizan en sus respectivas campañas electorales, con sendas acusaciones contra el partido rival. Un verdadero circo romano elaborado al mejor estilo de las mafias de las películas. Y la mayoría de medios de comunicación aportan a la farsa de uno y otro lado, en una complicidad que solo puede definirse de dos posibles formas: ignorancia o perversidad.

Me sorprende que el mismo Vice Ministro de Salud, médico e investigador que conoce perfectamente las intríngulis de todo este malévolo negocio, se ha quedado tranquilo con el paquetazo de los parlamentarios. Tranquilo mientras repite el discurso del hallazgo de sus investigaciones, pero bajando el tono en cuanto a las implicaciones de mantener relativamente intactas las diferentes etapas de la cadena de comercialización de las medicinas.

Una cosa aparentemente “buena” tiene la ley. Ha sacado del mapa al Consejo de Salud Pública en donde están representados los intereses de droguerías y laboratorios, pero ha creado una instancia más perniciosa aún, la Dirección Nacional de Medicamentos – DNM – en la que instituciones del Estado serán juez y parte. Y no es que esto en sí sea malo, si verdaderamente fueran instituciones fuertes e independientes, pero da la casualidad de que el “estado” en estos momentos está fuertemente contaminado por intereses partidarios y esto traerá un mal peor que el que se está tratando de corregir.

Hay fuertes presiones porque se facilite a entrada de medicamentos al país, de manera alternativa, para suplir la “necesidades” de las instituciones de salud. Y en esta “facilitación” está previsto que ALBAMED sea el caballero blanco que viene a salvarnos, algo similar a lo que sucedió con ALBAPETRÓLEOS. Los resultados ya los conocemos. Los precios no bajaron sino que subieron de manera descomunal, y en el camino se han enriquecido las arcas de la “caja chica” del FMLN y de paso los bolsillos de algunos de sus altos dirigentes.

¿Cuál era la LEY que necesitaba El Salvador? Una muy sencilla: la que permitiera la libre competencia en el sector, simplificando la posibilidad de importar medicinas, incluso por los mismos consumidores, siempre y cuando la procedencia fuera de países y orígenes certificados. Tan sencillo como eso. Los precios entonces se hubiesen desplomado beneficiando enormemente a la población, especialmente a los pobres. Pero aquí los pobres no sirven más que para utilizarlos en el discurso, mientras en la práctica se hace todo lo contrario a los intereses de los más desposeídos.

Todavía nos queda la esperanza de que el Presidente vete o mande de regreso la ley con observaciones. La presión ciudadana podría lograr esto, pero me temo que la mayoría de la gente ni siquiera entiende por dónde nos están metiendo la mano. A ver si el Movimiento Civil que tan efectivamente ha funcionado antes, puede y quiere hacer algo. Pero por favor, despojémonos de esas telarañas mentales que nos tienen atrapados desde hace mucho tiempo. Saquemos al “estado” de estas cosas pues lo que se fomenta con eso de controles y otras idioteces, es todo lo contrario. Dejemos que funcione la LIBERTAD en la forma de competencia sin trabas ni barreras que están hechas para proteger intereses de los poderosos.

Pongamos nuestra inteligencia, no los muertos

Una idea audaz y provocativa

Por Hermann W. Bruch

El Presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina ha anunciado que intenta despenalizar las drogas para buscar una disminución a la criminalidad provocada por el tráfico de drogas por su país. El Presidente Funes ha dicho que es un tema que amerita ser debatido regionalmente. Otros países de Latinoamérica se dividen en torno a este tema. Es obvio que algo tan delicado y controversial como lo es el tema de las drogas, provoque reacciones diversas y contradictorias.

Recientemente he podido leer un artículo de Rafael Castellanos en el cual plantea una idea que, aunque de apariencia descabellada, pudiera entrar al plano de las ideas a considerar, en torno al tema del combate a las drogas, el crimen organizado que se lucra de ellas y la violencia desenfrenada que todo esto conlleva. La idea plantea la posibilidad de convocar un acuerdo regional para permitir el paso de la droga por el territorio para que llegue a su destino, Los EE.UU. y que sean ellos los que resuelvan su problema internamente, sin obligar a otros países, los nuestros, a poner los muertos relacionados con ese mercado.

Son temas delicados. Pero son temas importantes porque afectan las vidas de millones de personas en un territorio que poco a poco está cayendo en las garras de un monstruo despiadado que no respeta ni familias ni jóvenes ni a los niños de esos países que lentamente se convierten en estados fallidos víctimas del flagelo de los mercaderes de lo ilícito, primordialmente las drogas. Como temas importantes, las sociedades involucradas están en la obligación de analizar, debatir y de decidir qué es lo que más les conviene.

No voy a ocultar aquí que, en los personal, he sido siempre partidario de despenalizar las drogas, pues no creo en los estados metidos en todo el quehacer de los ciudadanos. Los Estados, cuando se comportan como tal, esos que merecen ser descritos con E mayúscula, son Estados en los que la institucionalidad funciona, en donde se respeta a los ciudadanos, en donde prevalece la Libertad, si, con L mayúscula, esa Libertad que permite que seamos los ciudadanos los que definimos el curso de nuestras vidas, decidimos lo que hacemos – respetando a los demás, por supuesto esto incluye el medio ambiente – decidimos la actividad a la que queremos dedicarnos sin que el estado se meta a regular para favorecer a los sectores de poder económico, decidimos sobre nuestra salud, nuestros cuerpos, nuestras creencias, en fin, decidimos ser LIBRES. De hecho, no creo que sistemas manejados por el estado en los que se meten a sacarnos nuestro dinero para velar supuestamente por nuestro bienestar, nuestra salud, nuestro futuro, incluso nuestra educación, terminando por corromperlo todo hasta el punto de convertirlo en una farsa.

Es un tema controversial y así lo entiendo, pues nos hemos acostumbrado a aceptar sin cuestionamiento premisas que atentan contra nuestra independencia. Aceptamos injerencia estatal bajo el supuesto que allá en algún lado existen personas que lo saben todo y en el proceso abandonamos nuestro libre albedrío, ese que ni nuestro Creador se ha atrevido a quitarnos. Nosotros dejamos que otros decidan por nosotros y al final terminamos siendo sus siervos, sus esclavos y víctimas de los descalabros ambientales, económicos y financieros provocados intencional y perversamente por esas mentes iluminadas que controlan al mundo. Esas mentes que contratan y mantienen a la clase política que ha ido cayendo presa de sus intereses en lugar de defender los intereses de la colectividad.

Afortunadamente, el descalabro ha adquirido proporciones tan abrumadoramente desastrosas que ha permitido que la gente despierte y comience a tomar conciencia, viéndose motivada a actuar y a rebelarse. Eso a provocado movimientos en todo el mundo que día a día cobran fuerza y le desbaratan el juego a los tiranos y a los ladrones parapetados en instituciones supranacionales que nos desangran lentamente. Gracias a la Internet, que ahora está siendo amenazada porque esos poderes ven que las cosas se les salen de las manos, gracias a las redes sociales que funcionan en el ciber espacio, ese lugar donde sí somos libres, ahora es posible darnos cuenta de esas conspiraciones que atentan contra nuestras vidas y contra nuestro bienestar.

Basta con ver documentales como Inside Job y otros para darnos cuenta de la inmensidad de la trama en contra de la humanidad. El descalabro del mercado financiero en los EE.UU, en 2008 que a su vez se pasó llevando de encuentro a la Unión Europea la que ahora se balancea al filo de la navaja, amenazando al mundo entero, son solo una muestra de lo que nos acontece. Los cambios climáticos y las tremendas consecuencias no necesitan documentales. Basta con ver las noticias día a día y nuestra propia exposición a catástrofes inéditas, para concluir que no andamos nada bien. Read more »

Ni Estado ni Mercado manoseados

¿Y para qué sirve el Estado?

Por Hermann W. Bruch

La bonita y bien intencionada campaña del Grupo SAMIX nos pide que hablemos bien de El Salvador. Suena bien y así debe ser. Hablemos bien de lo que está bien, pero eso no debiera ser una cortina que esconda TODO LO QUE ESTÁ MAL.

Nuestro deber de ciudadanos es el de señalar aquello que no está bien, las cosas que nos hacen daño, las cosas que van en contra del buen funcionamiento del sistema, las cosas que contradicen las buenas costumbres, la moral, la ética, en fin todo aquello que contravienen el bienestar común.

Nos hemos alejado por muchos años y de manera muy peligrosa, de hacer causa común con los valores que otrora nos inculcaron nuestros padres y nuestros maestros. El consumismo, el exceso de insumos mediáticos ajenos a nuestras costumbres y a nuestros valores culturales y esa constante cobertura amarillista de nuestra triste realidad que nos ofrecen medios nos han ido endureciendo la mente y el corazón y hemos llegado a un nivel tan bajo que nos cuesta entender por qué es que andamos tan mal.

Echamos la culpa del problema de seguridad a los gobiernos de turno sin darnos cuenta que el problema lo engendramos nosotros y lo llevamos dentro como un virus del cual aún no sabemos mucho y para el cual aún no hay cura aparente. Sin embargo, si realmente quisiéramos, el cambio, el verdadero cambio lo podríamos estar gestando día a día con nuestras acciones, con nuestras actitudes, con nuestras ejemplo.

Esa es la parte positiva de la campaña radia del Grupo SAMIX, pues despierta en nosotros un estado de ánimo alejado de los sentimientos negativos. Pero acompañado a esto debemos concertar un accionar colectivo de denuncia de todas las cosas que apestan y nos convierten en una sociedad enferma y caótica.

Es por ello que es importante convertirnos en despiadados denunciantes de la corrupción que nos aqueja, pues por ahí comienzan todos nuestros males y, para entender esto debemos entender que la corrupción también es un engendro nuestro y la llevamos a flor de piel. Lo hacemos casi inconscientemente, pero ahí tenemos el virus bien arraigado.

Estamos en medio de una campaña electoral supuestamente para elegir nuestros representantes en el órgano legislativo y alcaldes, funcionarios que, de acuerdo a la definición, están para velar por los intereses del pueblo. Sin embargo, una vez llegan a sus puestos, se olvidan de sus promesas y se dedican a servirse con la cuchara grande y a cuidar los intereses de sus “jefes”, las cúpulas de los partidos políticos que a su vez obedecen al mandato de los “dueños” de dichos partidos. Todo un montaje que de manera pomposa se define como democracia, pero que no deja de ser un simple aparato de corrupción, componendas, mafiosidades que en nada responden a las necesidades de los pueblos.

Y muchos de nosotros andamos constantemente hablando del Estado y pontificamos acerca de sus bondades sin darnos cuenta de que ese “estado” es solo un aparato que sirve a intereses totalmente ajenos a los de la población, intereses que por el contrario, pareciera que están confabulados para atentar contra el bienestar y la seguridad de la gente. Tremenda farsa la que nos deparan esos que dicen creer en la democracia y en los partidos políticos como si fuera un sacrosanto sistema.

Abramos los ojos y entendamos que esto que llamamos “estado” no es más que un estanque en el cual se crían alimañas malsanas que se nutren entre si ajenas a la sociedad que les ha dado sustento. Miremos alrededor y reconozcamos a esas alimañas atrincheradas en sus fortalezas de impunidad, mientras la gente, la que trabaja día a día, la que paga impuestos directa e indirectamente, nos desangramos viendo cómo todo se desmorona y se convierte en un caos de tal magnitud que ya nadie se atreve a diagnosticar ni mucho menos a recetar cura alguna.

En esas instituciones del “Estado” que no son más que antros en donde se parapetan verdaderos delincuentes que se entretienen en sus festines y orgías de forma descarada, se define el drama humano más tremendo que jamás pudimos haber imaginado. Hospitales de muerte en donde no hay medicamentos ni los implementos necesarios para poder brindar atención a los pacientes, en donde se atrincheran supuestos profesionales de la salud que constantemente se van al paro, pidiendo para ellos lo que no son capaces de dar a sus pacientes. Read more »

EXIJAMOS RESPETO

Llamado a la intolerancia

Por Hermann W. Bruch

Normalmente utilizo este espacio de opinión para demostrar mi descontento acerca de la forma como se manejan las cosas del Estado y el mal comportamiento de los políticos.

Hoy estoy haciendo un llamado a la intolerancia. Ya no podemos seguir tolerando que personas de muy bajos escrúpulos, como parece que son la casi totalidad de los políticos (las raras excepciones realmente no existen pues el que observa y calla es igualmente culpable). No podemos ni debemos tolerar que candidatos de un partido político aparezcan en medio de la campaña “busca-votos-de-pendejos” entregando una botella de guaro a un pobre “bolito” (ver el siguiente link) http://www.youtube.com/watch?v=vhSSt5BrTMM

No podemos ni debemos seguir tolerando que los “busca-votos-de-pendejos” sigan ensuciando nuestra ciudad pintando y pegando basura por doquier. No podemos ni debemos seguir tolerando que funcionarios públicos de la calaña de los magistrados del Tribunal Supremo Electoral sigan deliberando cómo y cuánto van a “hueviar” (robar en salvadoreño) de la campaña “educativa” que debiera estar corriendo desde hace un par de meses para mostrar la nueva forma de votar. (Tres agencias = tres componendas?).

No podemos ni debemos seguir tolerando que se malgaste los dineros del pueblo en comprar carros y camionetas de lujo a los funcionarios públicos comenzando por el presidente de la república y su séquito de seguidores y perseguidores limpia-solapas. No podemos ni debemos seguir tolerando que diputados supuestamente electo por el pueblo para velar por los intereses del pueblo se la pasen viajando a costa del pueblo y despilfarrando nuestros dineros sin ninguna rendición de cuentas. Tampoco debemos tolerar que estos mismos diputados nos vean la cara y se rían de nosotros una vez se encuentran dentro del recinto de la asamblea.

No podemos ni debemos ser tolerantes con jueces que a todas luces están al servicio del crimen organizado. No podemos ni debemos seguir tolerando que abogados sin escrúpulos continúen con la práctica de “sacadores” ni tampoco debemos de tolerar que sigan habiendo magistrados que se dejan “sacar”.

No debemos tolerar que jueguen con los dineros del pueblo empeñando nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos con tanto empréstito que pone en situación de verdadera precariedad nuestra estabilidad económica mientras funcionarios corruptos se enriquecen descaradamente en nuestras narices y no tenemos leyes ni mecanismos para impedirlo.

No podemos ni debemos tolerar campañas políticas millonarias sin saber de dónde provienen los fondos que las financian. Tampoco debemos tolerar la falta de democracia dentro de los partidos políticos en donde las cúpulas parecen ser las que tienen el poder absoluto por sobre todo el sistema.

Ya es tiempo de que nos rebelemos y exijamos transparencia en el manejo de la cosa pública. Pidamos cuentas a todos los funcionarios públicos. Dejemos de reverenciarlos. Tratémoslos como lo que son: nuestros empleados y exijamos rendición de cuentas.

¡BASTA YA DE TANTO ABUSO!. ¡BASTA YA DE TANTO ROBO!.

El manoseo y la falta de libertad

El peligro del gasto público excesivo y deficitario

Por Hermann W. Bruch

Es preocupante cuando una persona o una familia o una empresa incurren en un tren de gastos muy por encima de sus capacidades. Más preocupante es cuando este gasto desmedido va por encima de la capacidad de endeudamiento, pues a veces el gastar más de lo que se gana puede ser financiado temporalmente por endeudamiento, pero este debe estar dentro de la capacidad de poder pagar la deuda y eventualmente quedar solvente.

Lo mismo sucede con la administración de un país. El enfoque debe ser el mismo, evitando la contaminación política y la tentación de saltarse estas normas. Cuando el populismo se entroniza en la administración de los países, vale decir en los gobiernos sobrecargados de politiquería barata y demagógica, entonces hay que estar alertas pues el descalabro se viene encima y las consecuencias pueden ser catastróficas. Esto es lo que está sucediendo en Europa y ya los expertos se han encargado de discutir el tema, aunque sospecho que no llegan a entenderlo a profundidad.

En nuestro país estamos jugando con fuego con el tema del gasto y del endeudamiento. Ambos corren desaforadamente en la dirección equivocada y, de no ser por las presiones externas ejercidas por organismos como el Fondo Monetario Internacional, estaríamos ya intervenidos y metidos en una debacle sin precedentes. ¡Pero, cuidado, no estamos lejos!

Hasta aquí no he dicho nada que los entendidos no hayan dicho de una u otra forma, pero quiero meterme en otro nivel y destapar el debate en torno a las posibles intenciones detrás de todo esto. Recordemos que los “economistas” de izquierda, principalmente los más radicales, han estado predicando desde antes del inicio de este gobierno la necesidad de “desdolarizar” y volver al uso del colón como moneda. Y dadas las circunstancias todo parece apuntar a que llegará el momento en que no nos quedará más remedio que hacerlo, sin entender que las consecuencias pueden ser mucho más desastrosas que la situación que se quiere corregir.

Esto sucede siempre cuando los gobiernos imponen su voluntad de manera dictatorial por sobre la voluntad de los mercados, como si la moneda fuera un bien que se debe de sacar del espacio de la libertad de elección. ¿Cómo se puede hablar de libertad si el bien transable por excelencia está siendo secuestrado por voluntades extra mercado? Esta simple acción es la que da a los enemigos del mercado y de la libertad el principal argumento en contra y concluyen que el mercado no funciona, que es perverso, que la “mano invisible” solo sirve para favorecer a los sectores poderosos, y cualquier cosa para probar su punto. Lo que nunca logramos entender es que, mientras los gobiernos metan la mano en las cosas del mercado siempre tendremos este tipo de distorsiones y resultados adversos. Claro que ese tipo de mercado manoseado es perverso y termina favoreciendo a sectores de poder. Claro que sí. El problema entonces no es la palabra mercado sino la palabra manoseo. El problema no es la libertad sino todo lo contrario, la falsa libertad, la libertad a favor de unos y la falta de libertad para las mayorías.

Hasta que los ciudadanos no comprendamos bien esto y hagamos algo al respecto, vamos a seguir siendo víctimas de esos falsos gobiernos y esos falsos economistas y esos falsos vendedores de paraísos inexistentes. Sólo nosotros podemos poner fin a este tipo de manipulación perversa del mandato que les damos a los políticos. Pongámosle límite a su campo de acción. Exijamos libertades de verdad.

Exijamos libertad en la importación y venta de medicinas, bajo reglas transparentes y sanas. Lo mismo para la importación y venta de insumos agrícolas, de granos básicos, en fin, libertad de acción para la gente y desmantelar el proteccionismo a sectores que gozan de verdaderos privilegios monopólicos. Traslademos el poder a nosotros los ciudadanos y exijamos que nuestros funcionarios cumplan con su mandato, con honestidad y transparencia.

Si logramos dejar de depender de otros para encontrar solución a nuestrosproblemas las cosas van a cambiar de verdad en nuestro país. Y si queremos comenzar por algún lado, comencemos exigiendo libertad en el uso de la moneda que más nos guste, quitándole el monopolio de la misma al gobierno y sus secuaces, los bancos.

No le tengamos miedo a la libertat.

Malabarismos políticos

El humo, la magia y la política

Por Hermann W. Bruch

Ahora que ya se ha dicho todo lo que habría que decir y hasta lo que no tendría que haberse dicho, ahora que las aguas parecen volver a la normalidad, me he tomado la libertad de expresar mi propia opinión con respecto del 20 aniversario de haberse firmado los Acuerdos de Chapultepec, que en su momento recibieron el nombre de Acuerdo de Paz.

En primer lugar es necesario dejar en claro que no hay nada más alejado de la verdad que esto de la trillada paz. Un acuerdo político para terminar con una guerra en ningún momento fue diseñado para lograr llevar la paz a una sociedad incapaz de resolver sus problemas por la vía del debate, la discusión respetuosa o por medio de una participación en el quehacer comunitario. Nuestros conflictos nunca desaparecieron ni siquiera fueron tocados o interpretados en los acuerdos de marras.

Terminó el conflicto armado, pero ni siquiera se discutió el conflicto social. De tal forma que ahora, veinte años después, no podemos venir a demandar algo que en ningún momento fue considerado por ninguno de los bandos beligerantes. La guerra, para decirlo de una manera simple, no fue más que una catarsis, necesaria, de un sector de nuestra sociedad que demandaba espacios para la expresión y deliberación de los problemas del país, en vista de una actitud cerrada y prepotente de quienes tenían el control del Estado salvadoreño: el capital agrario, sus gendarmes, los militares y la iglesia que jugaba un papel de cómplice, a veces conciliador y en su momento, contrito.

Para la mayoría de la población, las acciones armadas y a veces terroristas, de los bandos en guerra eran causa de angustia, inseguridad y psicosis. La gente pedía fin a estas actividades que le dañaban directa e indirectamente. La gente no aplaudía ni a unos ni a otros. Tenía temor, zozobra, molestias enormes en su diario actuar y en su mayoría no entendía de qué se trataba todo esto. Por supuesto que desde los púlpitos – seglares y clericales por igual – se ofrecían explicaciones parcializadas y muchas veces desinformadas y deformantes acerca del por qué el país estaba desangrándose de esa forma.

Al final, las partes beligerantes, llevados de la mano por nuestros “amigos” internacionales parapetados en organismos y burocracias oficiales, no tuvieron más remedio que poner fin a las acciones armadas, firmando sendos documentos de compromiso, siendo el principal – y real – objetivo el de continuar le guerra en el ámbito parlamentario. De ahí que los militares tuvieron que replegarse en sus cuarteles, no sin antes obtener jugosos premios y prebendas (me refiero a los mandos, no así a las tropas) pues en la Asamblea no tenían cabida.

Se había acordado llevar el conflicto a otro escenario, como lo demandan los principios democráticos, pero no se había hecho ni siquiera el intento de iniciar el proceso de pos guerra, el cual requería que el debate acogiera los principales temas que dividían a nuestra sociedad: el tema económico, el tema de la justicia (o mejor dicho la falta de justicia) y el tema de la educación. La sana intención de iniciar este proceso, contenida en un mal diseñado Foro de Concertación Económico y Social, fue intencionalmente boicoteado y rápidamente quedó en el olvido.

La naciente partidocracia se habría encargado de sentar las bases para otro tipo de “negociaciones” y rápidamente los partidos políticos se dieron a la tarea de desmontar cualquier indicio de participación ciudadana en el proceso de fortalecimiento de la democracia en nuestro país.

Y ahora, veinte años después estamos presenciando la mayor crisis política desde e fin de la guerra: el resurgimiento de las pasiones que en su momento soterraron los acuerdos y mantuvieron acalladas las componendas de la clase política espuria, desatando una polémica entre sordos, mientras el pueblo y la gente de bien de nuestro país, se devana tratando de sobrevivir el día a día. Pero algo es diferente, ahora tenemos una irrestricta libertad de expresión. Debemos aprender a usarla para construir y no para caer en la trampa de espectáculos circenses.

Pero como lo demuestra la historia, todo espectáculo tiene un propósito específico y, en nuestro caso me atrevo a decir que este propósito es el tirar las consabidas cortinas de humo para distraer a la opinión pública y alejarla del verdadero problema que nos aqueja: el crimen organizado originado en el negocio de las drogas (negocio entre productores, manejadores y consumidores, todos ellos foráneos) y la violencia que lo acompaña. Y esta violencia no es más que una nueva versión de una antigua forma de dirimir diferencias y resolver conflictos entre miembros de una sociedad que olvidó emprender su principal tarea, la de construir un modelo de convivencia equitativo propiciando las oportunidades, fortalecido en valores y altamente competitivo en el ámbito de la globalización.

Aunque parezca tarde, aún estamos a tiempo para iniciar este proceso. Es el momento de abandonar los dogmatismos y de dar paso al intelecto para que no nos perdamos en los verdaderos derroteros que nos depara el futuro incierto del planeta, amenazado con verdaderas catástrofes financieras, climáticas y bélicas. Nuestro compromiso debe ser con nuestro país y debemos dejar de lado los problemas de otras sociedades. Ellos están obligados a resolver lo suyo mientras nosotros construimos las bases de nuestra naciente nación.

A los veinte años

Saquemos pecho y veremos cambios

Por Hermann W. Bruch

El tema de ciudadanía y de ciudadanos proactivos y conscientes es un tema que va ligado a la democracia, a la paz y al desarrollo. Todo lo demás es palabrería y politiquería.

Estamos celebrando el vigésimo aniversario de la firma del Acuerdo de Paz y, como es de esperar, estará lleno de actividades que cada quién va a aprovechar para llevar agua a su molino. Lástima que estas celebraciones han tenido que coincidir con el zénit de las campañas electorales, porque el valor educativo y de formación democrática de dicho Acuerdo se verá totalmente empañado.

El día jueves pasado escuchaba en un programa de entrevista televisivo propuestas muy sensatas en torno al tema del Acuerdo de Paz, entre otras, el de que se distribuya un ejemplar a cada estudiante de colegios y universidades de nuestro país. Además, alguien propuso que no solo sea tema de discusión para estos días sino que se siga tratando durante todo el año. Después de todo, decían, el Acuerdo de Paz firmado hace veinte años, es quizá el hito histórico más importante de toda la historia de El Salvador, idea que comparto.

Es necesario que los jóvenes conozcan los hechos de la manera más apegada a la verdad posible. Muchos ni siquiera habían nacido cuando se terminó la guerra, por lo tanto, es imprescindible explicarles que hubo un conflicto armado, las razones que llevaron al país a entrar en guerra, las atrocidades cometidas por ambos bandos y cómo todo esto llegó a su fin. Sin este conocimiento, el Acuerdo de Paz tiene poco significado para ellos. Y esto es válido también para personas más adultas con mala memoria.

Es necesario enfatizar la importancia del Acuerdo y de construir democracia a partir del mismo, es algo que debemos de analizar concienzudamente y, de ser posible, desapasionadamente, sin fiebre en la cabeza y sin bilis en el hígado. Y construir democracia es algo que debe comenzar por construir ciudadanía, propugnando por romper las cadenas de la partidocracia para poder desembocar en una reforma política capaz de entregarnos partidos políticos fuertes, representativos, independientes de los poderes económicos y de ideologías y creencias religiosas que terminan pervirtiendo todo proceso democrático.

No tengo nada en contra de las ideologías ni tampoco de las religiones pues ese debiera ser privativo de la libertad de cada individuo. A lo que pongo objeción es a la intención de controlar el quehacer ciudadano a través de estructuras maquiavélicamente entrelazadas con el poder político con el propósito de entorpecer e incluso eliminar las libertades individuales.

Los partidos políticos tienen como finalidad la de intermediar entre el Estado y la sociedad obviamente para obtener una situación estable y equilibrada que propicie el buen desempeño – en libertad – de las actividades de los ciudadanos en provecho de las mayorías. Por ello su carácter de representativos es (o debiera ser) algo que vale la pena cuidar y cultivar con mucho celo y con mucha voluntad colectiva. Las desviaciones que se dan a esta finalidad son a la larga lo que propicia que los pueblos desemboquen en guerras civiles y fratricidas o, en polarizaciones desestabilizadoras que terminan por destrozar el andamiaje democrático para dar paso a un andamiaje totalitario.

Las celebraciones en torno a los veinte años de haber logrado un Acuerdo de Paz, debieran involucrar más a los ciudadanos y menos a los políticos, reconociendo la validez de la presencia de éstos, pero rechazando la ausencia de los primeros. Parafraseando a Thomas Jefferson cuando se refería a los gobiernos y a la prensa, quisiera proponer que es preferible una ciudadanía activa sin partidos políticos, que partidos políticos sin ciudadanía activa.

Sin embargo, es necesario dejar en claro que la actividad ciudadana no se da por arte de magia o por decreto gubernamental. Las personas deben comenzar por tomar conciencia de la necesidad de una mayor participación en la cosa pública para no dejar todo en manos de los políticos quienes por naturaleza se inclinan de desconocer el mandato de quienes emitimos el voto y se convierten en pequeños reyezuelos o emperadores con licencia para hacer lo que les viene engana. Los ciudadanos podemos hacerle la vida imposible a estos rapaces. De nosotros depende.